
La semana mayor representa en gran parte de los países del mundo, un tiempo determinado donde el mundo voltea los ojos hacia Cristo.
Es el momento en que los templos se inundan de su iglesia, donde hay aplausos,silencios, súplicas y peticiones y donde al terminar el domingo de resurección vuelve a quedar un temblo vacío.
Nos llenamos de curiosidad, de espectacularidad por los eventos religiosos, por un golpe en el pecho que trata de hacer creer a todos, y peor aún a nosotros mismos, que estamos fielmente postrados ante Dios; pero mas que una semana de vigilia espiritual, es para nosotros una semana de descanso, de olvido de las obligaciones, de lo que nos agobia todos los días, donde nos llenamos de planes, de fiesta y recordamos a Dios por unos momentos.
Cada día de la vida, debería de representar para nosotros como el día mayor, donde Dios sea la cabecera, el cuerpo y el final de nuestros planes, de nuestros proyectos,y de esa vida donde es necesario recordar el propósito principal que Dios por medio de su hijo quiso implantar en la humanidad: EL AMAR.
Amar cada cosa que hagamos, cada trabajo, cada esfuerzo, cada labor, a cada persona fácil o difícil de entender, amar y presenciar con esto la labor de Cristo en nuestras vidas, que será mas importante que un pedazo de palma pegado en la puerta de una casa sin amor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario